La Literatura & La Locura

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Siguiendo el camino enrevesado de esa literatura más peculiar, hoy quiero hablaros de la relación entre artistas o literatos con la locura.

Desde hace milenios la locura ha sacudido las páginas de miles de textos que nos han llegado a nuestras manos. Ya en la antigüedad se atendía a este estado desde una perspectiva recelosa que la separaba de un estatus normalizado. En la Grecia Clásica, fuente primera de textos escritos en Occidente, encontramos referencias a este trastorno, llamémoslo, de la conducta impropia de algunas personas en concordancia al comportamiento común.

Hoy en día la locura se considera: la privación del juicio o del uso de la razón; o, pérdida o trastorno de las facultades mentales . Aunque también le atribuimos esta palabra a aquellas acciones, que por su carácter anómalo, causan sorpresa. Lo cual dentro de la literatura y el arte parece repetirse de forma relevante.

Antiguamente, y en muchas otras culturas a la nuestra, la locura no estaba considerada un defecto sui generis de aquellos que la padecían, sino que era tratada como una forma distinta de ver la realidad, de igual manera que sucede con la visión de un niño. Este rasgo ha poblado de esas visiones tan especiales las páginas de muchas de las más exitosas obras.

Algunos ejemplos de autores son:

Friedrich Hölderlin (1770-1843)

Virginia Woolf (1882-1941)

Guy de Maupassant (1850-1893): Del que ya os he explicado algunas de sus rarezas y alucinaciones.

Fernando Pessoa (1888-1935): Al que se le atribuye un trastorno en múltiples personalidades, las cuales plasmó en forma de heterónimos, llegando a escribir bajo roles personificadas en cada una de ellas, dando cuenta al lector que se encontraba ante personas distintas.

Ernest Hemingway (1899-1961)

Antonin Artaud (1896-1948)

 

 

O de personajes de literatos como:

Miguel de Cervantes y su Quijote,

Vladimir y Estragon de Samuel Beckett,

Bartleby de Herman Melville,

Hamlet de William Shakespeare,

Fausto de J.W. Goethe,

etc.

Esto no implica que quienes estén a ese lado de su particular averno, tengan mayores capacidades creativas (aunque existan estudios psicológicos que así lo vean), pero sí debe hacernos pensar como la enajenación mental ha estado estrechamente ligada al genio y la genialidad. Todos aquellos que han sufrido este desapego social han resaltado por su manera de mirar el interior más oscuro del ser, aquellos lugares más recónditos de lo humano. Donde la sensatez –en contraposición a dicha locura- no podía dar pie a cualquier posible entendimiento. Reflejando, de alguna forma, las cosas que sentimos sin ser capaces de explicar desde un estadio racional.

¿Sólo los locos escriben o es la literatura la que vuelve a los hombres locos?”

Un enigma para Lacan que así nos lo plantea.

 

Un ejemplo de una actitud irracional o impropia es la del escritor mexicano Pedro Castera, el cual solía leerle sus cuartillas a un perro echado a sus pies. Castera creía que las páginas eran malas cuando el perro perdía interés y se quedaba dormido. Algo que al no compartir con la comunidad, queda relegado a un plano de comportamiento trastornado, sin necesidad de que lo sea a ciencia cierta.

Pero hemos de recordar al filósofo francés Michel Foucault cuando relaciona esta catalogación de los estados mentales al orden impuesto que impera en una sociedad. Siendo tal orden el causante de la etiquetación de las conductas humanas.

“El poder como producción de lo real, de la realidad.” Michel Foucault

Como cita Erasmo de Rotterdam en su ‘Elogio a la Locura’: “El saber de los locos, anuncia que, adoptar una posición absoluta con respecto a la fe o a la razón, no significa conocer, sino sólo creer saber”.

Por tanto, dicha locura lo es por la relación que se establece entre el conocimiento y la experiencia. La locura no puede existir sin la razón, ya que sólo si ésta última es capaz de reconocer a la primera, toma conciencia de sí misma y de la verdadera importancia de las cosas.

El uso por muchos literatos de personajes etiquetados como locos, les ayuda a reflejar aquellas conductas o rasgos de la realidad que sin tal etiqueta no serían aceptados. Lo mismo sucedería si observamos a los autores igualmente catalogados. Estas perspectivas nos dan una forma distinta -a veces nueva- de atender a según que problemáticas o situaciones. Llevándonos a plantear si aquel que vemos como loco, no lleva ciertamente más razón que el cuerdo.

Pero las experiencias de aquellos autores, y la importancia que en la literatura ha hecho que la locura tenga tanta relevancia; hace que no tenga porque deberse a una forma distorsionada de ver la realidad, sino que podemos atribuirla a una perspectiva particular de observar el mundo. Somos parte de nuestros recuerdos, de nuestras frustraciones y nuestras alegrías, y ello se refleja en el arte literario –o simplemente en el arte- como una visión más de la realidad que nos envuelve, aceptándola o no, pero de forma magistral, reconociendo las diversas formas de percibir y vivir la vida. Demostrando irremediablemente que sin locura no habría razón, y viceversa.

Son tan necesarias estas fuentes literarias de las que debemos beber, como cualesquiera otras. Ya que, sin literatura enajenada no existiría una literatura racional -si podemos hablar en estos términos-. Sin locura no puede haber cordura.

Como diría Kant, y plasmó Goya:  “El sueño de la razón produce monstruos”.

 

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