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Fernando Pessoa

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“Sê plural como o Universo…”

Un sinfín de pseudónimos dieron la mejor descripción del hombre postmoderno.

Este post es una invitación a la lectura de unos de los más prolíficos autores de la poesía del siglo XX. Sí, digo ‘unos‘ ya que el lisboeta, Fernando Pessoa, desde sus inicios jugó en exceso con diferentes heterónimos, llegando al caso que en algunos de ellos podemos encontrar fases de maduración distintas a lo largo de su obra.

Algunos de los heterónimos utilizados por el poeta portugués fueron: Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Bernardo Soares. En el siguiente enlace podéis encontrar una relación de las obras conocidas de Fernando Pessoa y sus heterónimos. (Selección de obras)

Ésto propició que Pessoa acabara dejando una descomunal obra inédita  -a parte de la conocida- que todavía suscita análisis y controversias.

Pessoa fue uno de esos escritores que hablan dejando muda a la gente. Por ello y su carácter excéntrico se le consideró en muchas ocasiones una persona con falta de sensatez y salud mental. A este superficial diagnóstico se le añadía la forma en el poeta portugués se dirigía a la gente, metido absolutamente a veces en el papel de sus heterónimos, dando, de esta manera, una perspectiva a los demás de vivir una vida llena de máscaras o realidades distintas.

Una anécdota es que en una tarde en que José Régio tenía pensado encontrarse con Pessoa, este apareció, como de costumbre con algunas horas de retraso, declarando ser Álvaro de Campos y disculpando a Pessoa por no haber podido acudir a la cita.

Su poesía más propia, tal vez, del ensayo, repiquetea mensajera de la trascendencia. Poesía de fácil lectura al tiempo que abre muchos caminos de pensamiento. A veces, la verdad es difícil, duele o, simplemente, cuesta de digerir. Esto es algo que Fernando Pessoa demostró siempre con sus escritos. Como glopes de martillo (símil nietzscheano) que retumaban en nuestra conciencia y desnuda la realidad hasta los límites de la postmodernidad, lo inalcanzable del infinito y lo engañoso del constructo cultural y sensorial. Hombre de carácter abierto pero aficionado al ocultismo, parece danzar al ditirambo cuan duende mitológico mostrando verdades poco soportables de la levedad de la existencia.

“Todo lo que hago o medito

queda siempre en la mitad.

Querer, quiero el infinito;

al hacer, nada es verdad.”

Estamos ante un gran experto en quitarnos velos de la mirada postrera a una cultura amañada. Estamos sin quererlo ante el discurso veraz de no sólo una existencia, sino muchas más, que enriquecen la propia. Nos topamos en la literatura con un poeta que deja en paños menores aquello que siempre hemos pensado, sin posibilidad alguno de encontrar paño o toalla con la que volver a cubrirlos.Ambiguo; cuerdo y sensato, lleno de locura; pasional y frío racional; Fernando Pessoa o Álvaro de Campos, Bernardo Soares o Alberto Caeiro… Todos uno, y de cada uno lo suyo.

“Un mar en que trozos lentos

De un mar entero se ven…

¿Deseos o pensamientos?

No lo sé y lo sé muy bien.”


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La Literatura & La Locura

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Siguiendo el camino enrevesado de esa literatura más peculiar, hoy quiero hablaros de la relación entre artistas o literatos con la locura.

Desde hace milenios la locura ha sacudido las páginas de miles de textos que nos han llegado a nuestras manos. Ya en la antigüedad se atendía a este estado desde una perspectiva recelosa que la separaba de un estatus normalizado. En la Grecia Clásica, fuente primera de textos escritos en Occidente, encontramos referencias a este trastorno, llamémoslo, de la conducta impropia de algunas personas en concordancia al comportamiento común.

Hoy en día la locura se considera: la privación del juicio o del uso de la razón; o, pérdida o trastorno de las facultades mentales . Aunque también le atribuimos esta palabra a aquellas acciones, que por su carácter anómalo, causan sorpresa. Lo cual dentro de la literatura y el arte parece repetirse de forma relevante.

Antiguamente, y en muchas otras culturas a la nuestra, la locura no estaba considerada un defecto sui generis de aquellos que la padecían, sino que era tratada como una forma distinta de ver la realidad, de igual manera que sucede con la visión de un niño. Este rasgo ha poblado de esas visiones tan especiales las páginas de muchas de las más exitosas obras.

Algunos ejemplos de autores son:

Friedrich Hölderlin (1770-1843)

Virginia Woolf (1882-1941)

Guy de Maupassant (1850-1893): Del que ya os he explicado algunas de sus rarezas y alucinaciones.

Fernando Pessoa (1888-1935): Al que se le atribuye un trastorno en múltiples personalidades, las cuales plasmó en forma de heterónimos, llegando a escribir bajo roles personificadas en cada una de ellas, dando cuenta al lector que se encontraba ante personas distintas.

Ernest Hemingway (1899-1961)

Antonin Artaud (1896-1948)

 

 

O de personajes de literatos como:

Miguel de Cervantes y su Quijote,

Vladimir y Estragon de Samuel Beckett,

Bartleby de Herman Melville,

Hamlet de William Shakespeare,

Fausto de J.W. Goethe,

etc.

Esto no implica que quienes estén a ese lado de su particular averno, tengan mayores capacidades creativas (aunque existan estudios psicológicos que así lo vean), pero sí debe hacernos pensar como la enajenación mental ha estado estrechamente ligada al genio y la genialidad. Todos aquellos que han sufrido este desapego social han resaltado por su manera de mirar el interior más oscuro del ser, aquellos lugares más recónditos de lo humano. Donde la sensatez –en contraposición a dicha locura- no podía dar pie a cualquier posible entendimiento. Reflejando, de alguna forma, las cosas que sentimos sin ser capaces de explicar desde un estadio racional.

¿Sólo los locos escriben o es la literatura la que vuelve a los hombres locos?”

Un enigma para Lacan que así nos lo plantea.

 

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Lo Cultural & Lo Político

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Lo Cultural y Lo Político,

partes de un mismo árbol.


La Decadencia. (3/3)


Desde siempre para la humanidad; es decir, desde que el ser humano se le considera tal; la cultura y la política han ido cogidas de la mano. Ya en la era del paleolítico los preceptos culturales –escasos aún en comparación con hoy- condicionaban la forma del orden social, o viceversa –si se prefiere-.

El origen del término político, del griego πολιτικος con pronunciación figurada: politikós, quiere decir ciudadano, civil o relativo al ordenamiento de la ciudad. El término fue ampliamente utilizado en Atenas a partir del siglo V antes de Cristo, en especial gracias a la obra de Aristóteles titulada, precisamente con el mismo nombre, “Política”. El mismo Aristóteles definía al ser humano como un animal político por excelencia. En otros momentos históricos como en otras corrientes ideológicas, se ha considerado al humano, todo lo contrario; un ser asocial, por ende apolítico. Pero si seguimos con lo que un diccionario nos diría sobre el término, como el de la RAE: también se define como política a la comunicación dotada de un poder y relación de fuerzas. Por lo que, prácticamente abrimos el concepto a un basto abanico de posibilidades en cualquier relación entre dos o más miembros de un colectivo, sólo considerando dotado de dicha política, a la raza humana. Por tanto, a diferencia del mundo animal, debemos añadir, aquello que distingue nuestra asociación en colectivos y su regulación, de la misma expresión de otras especies.

¿Qué es entonces eso que nos distingue? Básicamente, podríamos decir que es la capacidad de dudar y plantearse (o replantearse) las formas de orden en las que nos vemos sumidos. Y la frecuencia o nivel de crítica, nos hace separarnos más en pro de encontrar aquella que se considere como la forma idónea.

 

(…)

 

 

*(Artículo completo)

 


Relato: Más allá de un ombligo

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“Más allá de un ombligo”

Era una mañana gris. El día se presentaba tan plomizo como tedioso. Los primeros rayos de luz avisaban de un inicio que no podía decidir. Lo mismo me pasaba cada día, y cada noche.

Las sombras se esfumaban entre los humos de los coches que abrían la veda del tráfico matutino. La maldición de la contaminación parecía no tener remedio alguno, aparentaba que a ello estábamos destinados. Algo que tenía tanto de falso que sólo podía ser creíble por una mente inocente, como la del ser humano. En verdad, sólo dependía de nosotros mismos el que eso cambiase.

Como cada día, en mi particular oposición a ese antinatural devenir de mis pasos, me dispuse a coger el metro. La misma hora de cada día, un autómata más empezaba su franja horaria de movimientos. Después del reposo, tocaba desentumecer músculos y huesos. O debería decir, tuercas y engranajes.

El sol tímido seguía escondido, menos por algún diminuto rayo que intenso se colaba entre las calles provocando reflejos y dando forma a los materiales colores. Cabía esperar que el día mejorase.

Una vez dentro, viajando hacia mi destino, permanecía sentado, leyendo. Esperando sin quererlo esos placenteros efímeros momentos que puede provocar un viaje en metro o autobús. Esa mirada cómplice que insinúa una ladeada sonrisa, o aquella que denota pasión entre corchetes por una figura o acción; también, lo agradable y cordial de la convivencia, la sensación de sentirse parte de un todo que funcione al unísono.

De los primeros, me quedo con la incertidumbre de que puede que no vuelvan a pasar, que no vuelvan a cruzarse contigo esos amores fugaces; de los segundos, la esperanza de que siempre estén.

Y así, entre papeles desordenados sigo camino a mi destino. Muy cerca de él, cada vez más, mientras pienso y leo, el tiempo aparenta acelerarse.

Hoy es uno de esos días en que todo el mundo que veo a alrededor parece peculiar. Un hombre despeinado sentado delante habla por los auriculares del teléfono, parece que hable solo, claro. Una chica a un lado no para de mirarse a las oscuras puertas de los vagones mientras circulamos por los túneles, cuando llegamos a las paradas mira hacia fuera y busca donde reflejarse. Unos niños alborotados van de excursión y hacen las gracias de una pareja de ancianos. Personas de distintos colores, como la realidad, caracteres que se entremezclan. Pocas veces se ve, dar los buenos días a un desconocido, parece que sólo miramos nuestro ombligo. Pero de tanto en tanto, me sorprende alguien cediéndole un asiento al chico de las muletas; o alguien que asiente al dejarte pasar educadamente; o la chica, que al escuchar las melodías que emite un músico en el metro, se le desvanecen las malas historias de su cabeza para dejarse llevar. Un gesto amable que alumbre ese fluir, sin más.

Ya he llegado, ensimismado, como tantas veces. Un trayecto que me ha enseñado más del ser humano, como las noticias de hoy, como las novelas de moda. Un trayecto entre mil historias liado, asomando la cabeza a cada una de ellas. Un trayecto abierto y no cerrado –aunque sea bajo tierra-.

Salgo, el sol reluce. Para mi sorpresa el día ha cambiado. Una sonrisa esboza mi cara y respiro buscando encontrar el aire no contaminado que nutra mis pulmones, el aire que con tanto coche está maltratado. El día se presenta espléndido, espero traiga cosas buenas.

Un viaje te hace cambiar de una realidad a otra, aunque somos nosotros mismos quienes verdaderamente podemos cambiar la realidad en la que vivimos.

(Relato corto presentado al concurso de relatscurts de TMB, si alguien quiere verlo en la web http://www.relatscurts.tmb.cat/aspx/ca-ES/home.aspx aparece, y siempre podrá votarlo, claro…)


La Literatura del No

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C)

La literatura del No, como ejemplo del rechazo en contra del camino pactado, y ante el inevitable destino moribundo de la propia cultura.

“La historia se ha acabado” – Francis Fukuyama

Fukuyama con esta lapidaria y breve cita, resumía el espíritu del conocimiento actual, arrastrado a estas conclusiones por lo acontecido anteriormente en la Modernidad, y por ende, en la Post-modernidad. Siempre esclavos de las relaciones de poder que entre las gentes y estatus que se dan; colocando de esta manera, a cada uno en un emplazamiento –justo o injusto-.

En el mundo de la estética, y especialmente en la literatura, se ve claramente como una serie de indicios y síntomas provocan este cambio cultural, un cambio del ideal estético y de cómo y donde encontrar la belleza. Estas transformaciones salpican a las sociedades hasta hoy, dejando un abanico enorme de títulos y autores que decidieron narrar su sentir ante dicha situación.

Entre la espectral fantasía de Poe, las fulanas cojas y los jorobados repudiados de Baudelaire, o los oscuros y complejos personajes de la literatura rusa post-moderna; vemos las pautas de la ruptura de aquello que se tenía en cuenta como bello, como idílico, como divino.

(…)

Continúa el artículo completo en: http://articulosletrasamontonadas.wordpress.com

SeRie “SonEstOs de mis SoNneTos” (08)

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Repugnante conducta impositiva,

la que impera desde tiempo atrás,

la de pene sobre vulva, ¡maldita!

que elimina géneros sin piedad.


Norma inconsciente que no existe

que a todas y todos condiciona,

de gente, a objetos materiales,

de personas, a cuantía de cosas.


Nos miramos con ojos de plástico,

que la verdadera carne no verán;

manos, que nada saben de tocar…


Sentidos engañados desde nacer,

ocupados mucho más en el placer

que en buscar, la real humanidad.


Alejandra Pizarnik

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Nueva imagen

Una acertada pensadora argentina, Alejandra Pizarnik, atina, si más no, en aquello que se volvió un lev motiv para dos siglos de postmodernidad: desentrañar el fantasma que convulsionó tantas carreras literarias, tantos oficios y vocaciones maltrechas, y tantas personalidades frustradas.

Frustación de sentir la vida como algo distinto de lo que se está obligado a vivir. Anhelo, de que aquello que te han dicho que es el amor sea otra cosa, que aquello que te han dicho que es creer sea algo completamente distinto.  En definitiva, que las definiciones y conceptos de nuestra vida sean absolutamente algo diferente a lo que son o como se digan que son.

La postmodernidad Señoras y Señores está aquí, hemos sido avisados por personas que ya se han formulado estos pensamientos, y ello no tiene porque ser malo. Pero aunque parecemos no hacerles mucho caso, no nos dejemos enterrar cada vez más hondo, porque llegará el día en que las toneladas de tierra que reposarán sobre nuestros cimientos, sobre nuestras cabezas, serán demasiado pesadas y ya no podremos movernos ni levantarnos.

Aquella afirmación de Hölderlin, de que “la poesía es un juego peligroso”, tiene su equivalente real en algunos sacrificios célebres: el sufrimiento de Baudelaire, el suicidio de Nerval, el precoz silencio de Rimbaud, o la vida y obra de Artaud…

Estos poetas, y unos pocos más, tienen en común el haber anulado –o querido anular-, la distancia que la sociedad obliga a establecer entre la poesía y la vida.”
Alejandra Pizarnik


Caminos del espejo

por Alejandra Pizarnik

I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II

Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del    borde filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V

Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que    abandona el viento en el umbral.

VI

Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que    fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII

Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX

Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.    Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay    alguien aquí que tiembla.

XIII

Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV

La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV

Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en    busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI

Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me    aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

XVII

Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII

Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX

Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una    mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la    memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi    voz.

 

Artículo relacionado con “LoS MaLDitOs” (Antonin Artaud y Charles Baudelaire) en:

http://www.articulosletrasamontonadas.wordpress.com